
Benvinguts & benvingudes a casa nostra!
Amamos lo que hacemos, amamos el lugar en el que vivimos, enseñamos y respiramos y a la gente que comparte un poquito de su tiempo con nosotras en la Shala.
Nos encanta ver como nuestros alumnos ("pacientes" como dice el gran maestro) disfrutan, evolucionan y salen de clase cada día con una sonrisa y cargados de buena energía.
A lo largo de los años hemos crecido juntas, madre e hija, en nuestra práctica de yoga y en la vida. Y ahora y aquí estamos enseñando juntas, cada una con su estilo, pero con el mismo amor a la práctica de Ashtanga.

Tammy
Comienzos Tempranos
En mis veintitantos años, tomé mi primera clase de yoga… y me enamoré de inmediato. Mover el cuerpo en nuevas formas, aquietar la mente… Salí de la clase sintiéndome liviana, revitalizada y profundamente viva. No entendía mucho en ese momento, pero supe al instante: esta era la medicina que necesitaba. En 1993, tomé mi primera clase de Ashtanga con Gilad Harouvi, el primer Ashtangi de Israel. Desde ese día, no pude tener suficiente. Incluso cuando descubrí que estaba embarazada de mi primer hijo, Jonathan, continué practicando, con la guía de Gilad para adaptar las posturas durante el embarazo.
Compromiso con la Práctica Diaria
Después del nacimiento de mi hija Daniela, decidí comprometerme por completo con mi práctica. Gilad sugirió algo poco común en ese momento: “Practica todos los días en casa”. Venía de una mentalidad universitaria, así que pregunté: “¿Sin libros? ¿Sin teoría?” Su respuesta: “Esto es yoga — 99% práctica, 1% teoría. Sin experiencia propia, no puede haber comprensión real.” Así que, en julio de 1999, en un pequeño apartamento con dos bebés y una vida laboral ajetreada, comencé mi práctica diaria en casa. Al mismo tiempo, me inscribí en un programa de formación docente de dos años — una mezcla de clases semanales, talleres de fin de semana, retiros y muchas horas sobre el mat. En el tercer año, ya estábamos enseñando. Algunos días, mi práctica era solo Surya Namaskar, loto y Shavasana; otros días, hacía más. Pero seguí practicando 5–6 veces por semana. Como dice David Swenson: “Puede que me haya arrepentido de no practicar, pero nunca me arrepentí de practicar.”
Trayectoria como Maestra en España
En 2002, mi familia y yo nos mudamos a España. Unos meses después, comencé a enseñar en Sitgesverd, el primer centro de yoga en Sitges. En 2009, Marcelo y yo abrimos Ashtanga Yoga Sitges, que aún abre sus puertas seis días a la semana, durante todo el año. En Barcelona, experimenté por primera vez la práctica estilo Mysore con Petri Räisänen — quedé asombrada por el silencio y la concentración en la sala. Poco después, conocí a Tomás Zorzo, el primer Ashtangi certificado en España por Shri K. Pattabhi Jois. Asistí a sus talleres durante años antes de invitarlo a enseñar en Sitges, una tradición que hemos mantenido por más de 12 años. A lo largo de los años, he tenido la bendición de estudiar con muchos maestros increíbles: Danny Paradise, David Williams, Nancy Gilgoff, John Scott, Manju Jois, Guy Donahaye, David Swenson, entre otros. La amistad y guía de Guy nos ayudó a crear un sólido programa de auto-práctica Mysore en nuestro Shala, que continúa creciendo. En 2022, conocí a Joey Paz y Bryce Delbridge, quienes me presentaron a BNS Iyengar en Mysore, India, certificada por él para enseñar según sus enseñanzas.
Los Desafíos de la Vida y el Rol de la Práctica
A fines de 2014, me diagnosticaron cáncer de mama. Las opiniones eran diversas sobre si debía continuar practicando, pero yo sabía que debía hacerlo. Durante la quimioterapia — cuando me sentía débil, fría y tóxica — practicaba 20–30 minutos la mayoría de los días, solo lo suficiente para respirar, moverme y sudar. Esas prácticas breves me ayudaron a mantenerme funcional y emocionalmente equilibrada. En agosto de 2018, solo unos años después de mi recuperación, mi amado esposo Marcelo — mi compañero en la vida y en el Shala — falleció. Esta pérdida fue aún más dura que la enfermedad. Daniela, mi hija, dio un paso al frente para ayudar a dirigir el Shala, convirtiéndose en un pilar fuerte de nuestra comunidad.
Filosofía y Visión
Para mí, el yoga siempre ha sido más que posturas físicas. Es un amigo de por vida — constante, solidario y presente en cada alegría y desafío. Aunque podamos sentir sus beneficios desde el principio, la comprensión profunda llega solo con años de dedicación ininterrumpida. El objetivo final no es solo el asana, ni siquiera la felicidad — es la liberación, la unión, el samadhi; la búsqueda de quiénes somos realmente y del propósito de la vida. Después de más de 26 años de práctica diaria y 24 años enseñando, siento que ha pasado toda una vida — y, sin embargo, de muchas maneras, siento que apenas estoy comenzando.

Daniela
Me llamo Daniela Hervitz, el Yoga ha sido parte de mi vida desde siempre, crecí rodeada de esta práctica y comencé con el Ashtanga en 2014. Al empezar, Tammy me "obligó" a a venir a la shala 6 días a la semana, yo estaba pasando por un momento de adolescencia muy caótico, tenía 16 años y decidí dejar lo estudios, así que la condición era construir la disciplina de la práctica de ashtanga.
A todo esto, jugaba a futbol, jugando desde los 7 años hasta los 18 que lo tuve que dejar por muchas lesiones.
Todo el cuerpo me dolía, venía con tobillos, rodillas y caderas muy muy tocadas.
El principio, aunque tenía 16 años, sufrí mucho en la práctica y fue sinceramente muy duro. Empecé a coger fuerza, con unos meses de práctica casi diaria, mi cuerpo se fue abriendo y curando.
Estuve hasta 2018 practicando 2 o 3 veces por semana y en 2018, al morir mi padre Marcelo, decidí unirme y compartir el camino con Tammy, mi madre, en la shala.
Ese mismo año, me diagnosticaron Diabetes Tipo 1. No puedo estar más agradecida del apoyo, mejora, estabilidad, fuerza , recuperación y sostén que me da la práctica, mental y física, en la vida y con una enfermedad crónica.
Siempre que escucho crítica sobre el ashtanga y lo lesivo que es, me apena y me cuesta comprender ya que a mí me salvó y me sigue salvando hoy día.
No sólo el cuerpo, que obviamente por ahí empecé, sino que abarca todos los aspectos de mi vida, ética, moral, filosofía, me hace razonar, indagar, pensar, discernir, comprender y lo que más impacto e importancia tiene para mí es que me acerca al corazón, a que la vida sea un camino con corazón.
En 2018 empecé a enseñar, formándome junto a mi madre, Tammy Hervitz, y desde entonces no he dejado de profundizar. He aprendido con grandes maestros como Tomás Zorzo, Guy Donahaye, Petri Räisänen, David Williams, David Swenson, Andrew Epple y Joey Paz.
En 2023 tuve el honor de estudiar en Mysore con BNS Iyengar, maestro de Ashtanga y alumno directo de Krishnamacharya.
